7 puntos acerca de juzgar con justo juicio

by Javier Iván González

En redes sociales (y fuera de ellas) encontramos dos tipos de personas. Por un lado, tenemos a los que valientemente denuncian un error, expresan una opinión, o transmiten una verdad. Por el otro, tenemos a aquellos que consideran que es mejor quedarse callados porque hacerlo sería carecer de tolerancia.  ¿Quién está bien? O, ¿Quién está mal? Creo firmemente que decir la verdad no es carecer de amor, sino todo lo contrario: el que ama, como consecuencia hablará la verdad, aunque ésta sea incómoda. “¡Una reprensión franca es mejor que amar en secreto! Las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo” (Proverbios 27:5-6 NTV). Sin embargo, estoy convencido de que debemos tomar en cuenta algunos aspectos importantes antes de hacerlo, ya que no estamos exentos de deshonrar el nombre de Dios y de lastimar a otros si no lo hacemos con sabiduría. Es por eso que me gustaría compartir siete puntos de reflexión que nos llevarán a juzgar con justo juicio.

 

1.     El simple hecho de que el morbo, el menosprecio y el odio tengan la capacidad de esconderse en mi corazón, me debería llevar a examinar continuamente mis motivaciones. En ocasiones, tendremos que dejar de publicar o hacer algún comentario por más verdad que sea, sí encuentro que lo que me impulsa a hacerlo es, en efecto, producto de mi naturaleza pecaminosa. “Con amor y verdad se perdona el pecado, y con temor del Señor se evita el mal.” (Proverbios 16:6 NVI) Un corazón lleno de amor y verdad es necesario para exhortar y edificar.

Un corazón lleno de amor y verdad es necesario para exhortar y edificar.

2.    En la Biblia nunca encontramos el sarcasmo, el cinismo y la burla como medios de reprensión. En Gálatas 6:1, el apóstol Pablo hace un llamado a los espirituales a ayudar, con ternura y humildad, a otros creyentes dominados por el pecado, a volver al camino. El mismo Pablo, cuando se enfrentó a los abusos de la iglesia de Corinto, jamás los descalificó o se burló de ellos. De una manera honrosa, les instruyó en la verdad, corrigió los abusos y los animó a seguir anhelando y procurando los dones espirituales.

 

Nuestra forma de decir las cosas puede llegar a endurecer más a las personas en su error. Proclama la verdad, pero sé sabio de los métodos que empleas. El simple hecho de decir la verdad ya nos causará rechazo de mucha gente. ¿Para qué le agregamos nuestra falta de prudencia?

 

3.   Si te causa deleite ver a una persona en el error y posteriormente ser exhibido y avergonzado, seguro tienes un corazón incorrecto y, en efecto, te falta amor. Una de las personas que proclamó la verdad con mayor valentía fue el apóstol Pablo, inclusive denunció a falsos maestros. Pero que otros estuvieran alejados de la verdad no era motivo de gozo sino de profunda tristeza. Muchos argumentarán: ¡Pero Pablo a unos los entregó a Satanás! ¡Sí! Para que, a través del padecimiento de su carne, al final éstos se arrepintieran y fueran salvos en el día del Señor. ¡Pablo deseaba que al final ellos fueran salvos! El amor nunca dejó de estar presente aún en estos casos.

 

Sabemos que hoy en día muchos líderes evangélicos, que en algún tiempo fueron de bendición para la iglesia, hoy se han desviado. Sé claro y frontal cuando sea necesario hablar acerca de ellos, pero no te olvides de orar por ellos para que, en su misericordia, el Señor les haga volver al buen camino.

 

4.  Un error no debería descalificar la honorabilidad de un ministro o ministerio. Descalificar o etiquetar de manera automática a alguien por haber cometido un pecado es ir en contra de la gracia de Dios. Si creemos que, en el presente, los que estamos en Cristo no somos definidos por los pecados que cometemos (aclarando que no hablamos de práctica de pecado), ¿por qué razón creamos prejuicios en contra de otros creyentes por algún error que cometieron? Recuerda que el hecho de que alguien esté sobre una plataforma de influencia, no lo hace menos necesitado del evangelio que tú y así como sucede contigo, esa persona también está en un proceso de santificación, en el cual el Espíritu Santo trabaja con paciencia, disciplina, ternura y misericordia.

No estoy diciendo que debemos pasar por alto cualquier error, entiendo perfectamente que a mayor influencia, más somos responsables de lo que publicamos; entiendo también que hay pecados que ameritan una fuerte disciplina pastoral y que a muchos inclusive estos pecados les han costado su ministerio. Pero, ¿es esto motivo de gozo?

 

5.  No cualquier persona está preparada para lidiar con todo tipo de información. Siempre pregúntate a ti mismo: ¿Por qué razón quiero compartir esta información con esta persona en específico? Hay muchos que en el ambiente en el que se desarrollan, están lejos de enfrentarse con ese tipo de problemáticas, son parte de comunidades de fe sanas, tienen líderes amorosos, y ¡ya queremos exponerlos a escándalos que están sucediendo del otro lado del mundo! Hay personas nuevas que todavía no terminan de comprender lo verdadero, cuando ya queremos exponerlos a lo falso. Esto los lleva a introducirse a nuevas verdades bíblicas con temor y cautela desmedida que resulta en una inoperancia con respecto al tema en controversia. Una de las maneras en las que contristamos al Espíritu Santo es cuando maliciosamente buscamos infundirles temor y sospecha a las personas sobre cualquier doctrina bíblica.

 

Recuerda también que la información que publicas en redes sociales tiene el potencial de llegar a cualquier tipo de personas, incluyendo aquellas que no son creyentes. Para muchos de ellos, el saber acerca de un escándalo o tema controversial solamente les generará desconfianza e inclusive repulsión en contra de la iglesia y los cristianos.

 

6.  Las redes sociales no son el lugar ideal para debatir. Hay espacios donde argumentar y llevar a cabo una discusión sana acerca de teología y otros temas. Hacer esto no tiene nada de malo, sin embargo, las redes sociales no son el lugar ideal para llevarlo a cabo. Las conversaciones se convierten en un espectáculo que se torna en fuertes discusiones, insultos e inmadurez que otras personas terminan viendo y al final se quedan con la imagen de cristianos divididos. Sé sabio para saber dónde parar si alguien más te provoca con algún comentario; piensa en el efecto de tu respuesta.

 

7.     Ten cuidado de no caer en legalismo. Hay muchos que más que defender una verdad bíblica, defienden gustos y tradiciones personales. Los fariseos hacían esto, tengamos cuidado de no caer en el mismo error. La gente dejará de escucharnos cuando criticamos todo y cuando la mayoría de nuestros comentarios tienen connotaciones negativas. Sé que hay cosas incómodas que decir, pero también hay cosas positivas qué hablar.

 

Estoy consciente de que en muchos casos denunciar el error es necesario y bueno para el cuidado y la salud espiritual de los creyentes, pero tomar en cuenta estos puntos nos ayudará a hacerlo de la mejor manera.  Si abrazamos el evangelio de la gracia, dejemos que la gracia abrace todo lo que decimos y publicamos. Sé valiente, proclama la verdad, pero hazlo de una manera sabia, humilde y amorosa.

 

Foto por Jordan Whitfield

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1 comment

Dar Esp 3 julio, 2019 - 5:43 pm

¡Sensacional! Justo lo que necesitamos en estos días de redes sociales, falsos maestros, falsas enseñanzas.

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