Al infinito y más allá

by Javier Iván González

Nota: Este artículo NO contiene «spoilers» de Toy Story 4.

Justo acabo de ver la película de Toy Story 4. La pregunta obligada: ¿Lloré? Debo admitir que sí. Me remonté cuando tenía 7 años y vi la primer película, recordé aquella navidad cuando mi mamá buscó por cielo, mar y tierra al Buzz Lightyear que nunca tuve (suena como un trauma, pero hoy es un motivo de risas entre nosotros). Pero sobre todo me hizo pensar en mi Pablo (mi hijo), quien está a punto de comenzar a vivir una etapa tan bonita que yo viví, la etapa de mis juguetes, los Legos y Toy Story. Deseo que sea muy feliz, disfrutando de estos detalles, sin perder de vista que vivimos para Jesús y tenemos un propósito eterno.

En fin, es tiempo de entrar a la reflexión que deseo compartir. La famosa frase que marcó nuestra infancia: «¡Al infinito y más allá!» Es precisamente un buen recordatorio de lo eterno y el propósito de nuestra vida.

«¡Al infinito y más allá!» Es precisamente un buen recordatorio de lo eterno y el propósito de nuestra vida.

Muchas veces nos preguntamos: ¿Y cómo vivimos para lo eterno en medio de la rutina de nuestras vidas cotidianas? Hoy quiero hablar de un aspecto utilizando a mi personaje favorito de todos los tiempos: «Woody».

Desde la primer película este personaje me cautivó por una característica: Su lealtad. Woody es el amigo fiel. Me identifico con él porque inclusive en la primer película, la develación de sus virtudes comienza con una lucha interna con su egoísmo. Ese deseo de ser el favorito de Andy lo llevó a cometer varios errores que logra vencer, para convertirse en ese juguete líder, protector y, sobre todo, fiel. Su lealtad lo llevó a correr peligros en todas las películas con tal de cuidar de los suyos.

Para vivir para lo eterno es necesario que tengamos la virtud de la lealtad. En un mundo egoísta donde todos viven para su propio bien, es vital que se levanten discípulos de Cristo, que, con un carácter fiel, marquen la diferencia. A continuación, tres aspectos a los que debemos nuestra lealtad.

Para vivir «para lo eterno» es necesario que tengamos la virtud de la lealtad.

Lealtad a Jesucristo

No hay otro ejemplo de mayor lealtad que Jesucristo. Todo modelo, ya sea ficticio o real, es burdo cuando se le compara a aquél que estuvo dispuesto a ser traspasado con tal de mantenerse fiel a su Padre celestial, a su misión y a los pecadores que seríamos rescatados por su incomparable sacrificio.

Jesús fue leal a sus cercanos, a pesar de que él sabía que lo negarían y colgado en la cruz lo abandonarían. Hoy, gracias a su Espíritu Santo, somos capacitados para poder entregarle nuestra lealtad hasta el final. Esta tarea no es sencilla, pero por medio de su gracia es posible. Los afanes de este mundo, los deleites terrenales y la vanagloria de la vida, buscarán cautivar nuestros afectos para que abandonemos nuestra lealtad al Señor.

Cuando comiences a distraerte, escucha la voz del Espíritu, no endurezcas el corazón, responde en arrepentimiento y corre a los pies de nuestro misericordioso Salvador. Esta fue la exhortación del autor de Hebreos, quien escribió a aquellos creyentes, que a causa de las presiones que estaban viviendo, querían volver al antiguo e ineficiente sistema de las obras.

“Pero nosotros no somos de los que se apartan de Dios hacia su propia destrucción. Somos los fieles, y nuestras almas serán salvas.” Hebreos 10:39 NTV

Lealtad a la misión

Jesucristo nos dio una misión en Mateo 28: «Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.»

Hoy en día podemos caer en el error de servir inclusive en la iglesia, y a la vez perder el enfoque de nuestra misión. Nuestro servicio y nuestros ministerios deben estar conectados con el llamado que Jesús nos encomendó. La centralidad de nuestro trabajo se encuentra en la gloria de Dios y la obediencia a sus mandatos.

La centralidad de nuestro trabajo se encuentra en la gloria de Dios y la obediencia a sus mandatos.

Lealtad a nuestros hermanos en Cristo

En este mundo seremos tentados a perseguir nuestro propio bien sin importar como esto afecte o beneficie a nuestros hermanos en la fe. ¿Cuántas personas no han sido lastimadas y decepcionadas por otros cristianos que sólo buscan su propio benéfico? Si somos honestos, nosotros mismos seguramente hemos lastimado a otros. Recuerda que no sirves para engrandecer tu ministerio, para utilizar a las personas a tu conveniencia, o para serles leales solo cuando éstas tienen algo que te pueda ser útil. Sirvamos con el corazón del buen pastor, que no se aprovecha de las ovejas sino que está dispuesto a dar su vida por ellas.

Sirvamos con el corazón del buen pastor, que no se aprovecha de las ovejas sino que está dispuesto a dar su vida por ellas.

Hoy es un buen día para comenzar a trabajar la virtud de la lealtad. Si hemos fallado, Dios hoy nos da una nueva oportunidad para vivir con un corazón incondicional.

A Mariana, a Pablo, a mi familia, a mis amigos y hermanos en Cristo: «Nuestra gran amistad, el tiempo no borrará, ya lo verás no terminará. Yo soy tu amigo fiel, yo soy tu amigo fiel, sí, yo soy tu amigo fiel.»

Foto por Zakaria Ahada

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