Las pruebas. Son todo un tema, ¿no? Son ese terrible momento de tu vida donde te sientes confundido, triste, sin propósito, sin ganas de continuar. En ocasiones te puedes llegar a sentir condenado y lejos de Dios. Sientes que Él ya no puede escucharte y cuando la condenación es muy fuerte, sientes que Él ya ni siquiera quiere hacerlo. Incluso, durante la prueba es difícil encontrar quien realmente te entienda.
Me he dado cuenta que siempre que viene el quebranto 3 constantes lo acompañan: la primera es que llega sorpresivamente y sin ser invitada, la segunda es que siempre viene acompañada de dolor, mucho dolor y la tercera es que no deja las cosas como estaban, las cambia para bien o para mal.
Las pruebas son momentos de mucha vulnerabilidad en nuestras vidas y por lo tanto son muy peligrosas. Son momentos donde se definen cosas tremendamente importantes acerca de nosotros, de nuestra identidad, el conocimiento y la definición que tenemos de Dios. En medio de la prueba es necesario depender del Espíritu Santo para que podamos ser fieles en seguir viendo a Dios tal como la Biblia nos dice que Él es y no como quizás lo percibimos en la experiencia que estamos enfrentando.
Pero bueno, las pruebas son duras, llegaron inesperadamente, me quebraron y ¿ahora qué? ¡No todo es negativo! Viene la mejor parte, la parte que siempre se nos olvida en medio del dolor: El propósito del quebranto.
Entendamos esto de una vez por todas: es imposible para Dios estar presente en un lugar y no tener un propósito ahí. En otras palabras, si tu corazón está quebrado el día de hoy, tienes una oportunidad extraordinaria para experimentar la cercanía de Dios y verlo trabajar activamente en tu vida. “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.” (Salmos 34:18 NVI)
Si tu corazón está quebrado el día de hoy, tienes una oportunidad extraordinaria para experimentar la cercanía de Dios y verlo trabajar activamente en tu vida.
Josías Onoto Tuit
Cuando el Espíritu me ayudó a entender lo anterior, comencé a ver mi situación, no como maldición que había llegado a mi vida, sino como una bendición. En fe, en medio de lágrimas, de dolor, con una fuerte angustia en el pecho, en el peor día de mi vida, lo inesperado pasó y de corazón pude decir: «Gracias, Señor, porque tienes un propósito detrás de todo esto que no puedo ver y mi dolor no será en vano.»
Me sentí tan agradecido y valorado al saber que Dios me permitió pasar por el quebranto porque me ama y porque quería verme crecer. El sonido de las aguas a veces es tan fuerte que nos hace olvidar que Dios hará que al final todo termine obrando a nuestro favor. Así que recuerda, Dios está ahí, independientemente de las emociones que estás experimentando.
Me impacta cómo en la vida de Pablo es tan evidente que él entendía que su tempestad y aflicción tenían un propósito eterno: “Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio. Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo. Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.” (Filipenses 1:12-14 NVI)
A través del quebranto, Dios nos hace madurar, nos hace valorar nuestra comunión con Cristo, nos hace desestimar lo que no es importante, inspira a otros que pasan por situaciones similares. ¡Son tantas las cosas provechosas que Dios puede hacer en medio de la profunda aflicción!
¿Qué propósito tendrá Dios con tus cadenas? Querido lector, los hijos del mundo necesitan ver para creer, pero los hijos de Dios creemos y luego vemos. Con lo anterior quisiera terminar retándote. ¿Serías capaz en medio del dolor darle gracias a Dios en fe por ese propósito que no puedes ver?
1 comment
Aunque conocemos el propósito, aveces el dolor y la tristeza ciegan un poco el amor de Dios y la esperanza que nos da. Gracias por recordarlo.