La vida es un regalo: reflexión para tiempos de adversidad

by Javier Iván González

¿Recuerdas la película «La vida es bella»? Un extraordinario drama escrito y protagonizado por el italiano Roberto Benigni. Es imposible no conmoverse ante el amor, el ingenio y el sacrificio de un padre judío para proteger a su hijo de la horrenda muerte en los campos de concentración. ¿Por qué viene esa película a mi mente? Hoy vivimos tiempos sin precedente en la era moderna. El mundo está paralizado y consternado por la propagación global del virus COVID-19, mejor conocida cómo «Coronavirus», y ya sea bajo la amenaza de un campo de concentración o una pandemia, los seres humanos en su mayoría, lucharemos a toda costa por defender ese regalo que a todos se nos ha dado y no queremos que nada ni nadie nos lo robe: la vida.

Es algo maravilloso cuando gente se levanta no sólo para defender la vida sino la dignidad de esta; cómo cuando Martin Luther King Jr. despertó un movimiento para defender los derechos civiles y terminar con el abuso y la segregación racial en Estados Unidos. Debemos apreciar cuando la gente despierta en solidaridad y empatía para proteger a los más vulnerables y revertir situaciones como las que vivimos hoy en día. No es para menos que ante circunstancias como esta la gente se alarme y actúe. Sin embargo, hay algo literal de vida o muerte que la gente está pasando por alto que debería de despertarnos y actuar.

Hay una pandemia peor que el coronavirus

Recuerda que partimos de la premisa de que estimamos la vida, es un regalo y estamos dispuestos a defenderla a toda costa. Si nuestra reacción ante el COVID-19 es de tal magnitud, ¿Cuánto más reaccionaríamos si nos enteramos que hay una pandemia más letal? Las malas noticias es que ni nosotros, ni nuestras familias se salvarán de ella. La Biblia enseña en Eclesiastés 3:11 que Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre. Seamos religiosos o no, hay algo muy dentro de nosotros que nos dice que hay algo más allá de la muerte. Esta pandemia de la cuál hablo (obviamente de manera alegórica) es el pecado. ¿Por qué es tan letal? ¿Por qué debería de preocuparme tanto? El pecado no sólo tiene la capacidad de destruir nuestra vida en el presente, sino que su desgracia trasciende aún en la eternidad.

Creo que estos son tiempos buenos para reflexionar y poner en las cosas que están pasando en perspectiva con los asuntos más vitales de todo ser humano, aquellos que atañen a la eternidad.

La propagación

Una de las cosas que más alarmó a la humanidad respecto al Coronavirus, fue su rápida propagación. En diciembre de 2019 se reportó el primer caso en Wuhan (China), tres meses más tarde, ya estaba esparcido prácticamente por todo el mundo. La propagación del pecado es muchísimo peor. No se puede evitar con una buena higiene o con aislamiento, todos estamos infectados. Así como el coronavirus no respeta clases sociales y ha paralizado a países primermundistas, el pecado se ha propagado a todas las sociedades sin importar raza, cultura o nivel socioeconómico. Esta pandemia comenzó con Adán, y de ahí se propagó de manera absoluta a toda la humanidad hasta el día de hoy. Esto es lo que enseñó el apóstol Pablo en Romanos 5:12 «Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron.» (NTV)

Los síntomas se pueden ocultar

Cuando una persona contrae coronavirus puede manifestar síntomas notorios como fiebre, tos o malestar. Al mismo tiempo, hay otros que, aunque fueron infectados con el virus, son asintomáticos. Con el pecado sucede algo similar.  Hay quienes son muy buenos para ocultar su pecado y aparentar que están sanos y en óptimas condiciones. Pensamos en drogadictos, adúlteros, ladrones, violadores, asesinos y decimos: «¡Sí, ellos son los infectados con el virus, ellos son los pecadores!»

En el evangelio de Juan capítulo 3 encontramos el encuentro de Jesús con un hombre religioso llamado Nicodemo. Él seguramente era un hombre respetable y considerado como «bueno» en la sociedad, aún así, Jesús le hizo ver su necesidad de «nacer de nuevo». El virus del pecado ha penetrado hasta el corazón, afectando las motivaciones inclusive de aquellas buenas acciones. No importa que tan religioso, moral, íntegro te consideres, debes reconocer que lamentablemente, fuiste contagiado con el pecado.

Hay una cura

 Hoy en día el mundo está ansioso por que se descubra o elabore una cura para el COVID-19. Hasta este momento hemos hablado de la mala noticia de que todos estamos contagiados con el pecado. El pecado nos separa de Dios, y nos condena a un lugar de tormento eterno. Pero, ¡La buena noticia es que hay una cura! Esta cura es suministrada de manera gratuita para todos aquellos que reconocen estar infectados. Muchos se considerarán a sí mismos «sanos», lamentablemente se enfrentarán a la realidad fatal al final de sus días. No podemos caminar por la calle como si nada pasara. ¡Corramos por la cura! Busquemos, investiguemos, rindámonos ante las manos que pueden sanarnos.

Si bien es gratis para todos, hubo alguien que tuvo que pagar un precio incalculable. Esta cura es la sangre de Cristo derramada en la cruz del calvario, cuando el único hombre que no fue infectado pagó el precio de nuestra condena. Por medio de la fe en Cristo, es decir, al acercarnos a él con arrepentimiento y plena confianza, recibimos el perdón de nuestros pecados, sin importar que tan grave fueron los síntomas causados por el mismo. Seguro pronto la psicosis por el coronavirus pasará, la pregunta es: ¿Qué vas a hacer con la pandemia del pecado? Busca a Jesús, es tu única esperanza.

«Cuando Jesús los oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores».» (Marcos 2:17 NTV)

 Sí, la vida es un regalo, pero la vida eterna es el regalo más grande jamás dado a la humanidad.

 

 

 

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2 comments

María 3 abril, 2020 - 9:53 pm

Increiblemente cierto busquemos ser sanados

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Javier Iván González 8 abril, 2020 - 10:56 pm

Amén

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