La crisis global que se vive a causa del COVID-19 amerita que como pueblo de Dios nos levantemos en un clamor. Sin embargo, a raíz de la naturaleza de los hechos, hay mucha incertidumbre acerca de como referirnos hacia Dios. ¿Es esto un juicio de Dios? ¿Es un ataque del enemigo? ¿Debo orar por que esto detenga? ¿Cómo debemos de orar?
Lo que sí sabemos, gracias a la instrucción de su Palabra, es que Dios es soberano sobre todas las cosas y él nos invita a acercarnos confiadamente. ¿Qué implica la confianza? El poder acercarnos sin vergüenza a pesar de nuestras imperfecciones y limitaciones.
Con esa confianza en mente, quiero compartir tres puntos a la luz de la Biblia, que te pueden ayudar a saber como orar en este tiempo de crisis:
1. Cuando no sabemos cómo orar, el Espíritu Santo interviene a nuestro favor.
Dice Romanos 8:26: «Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.» (NVI) Me gusta lo dice acerca de este pasaje el famoso evangelista americano del siglo 19, D. L. Moody:
La debilidad a la que se refiere es nuestra incapacidad para analizar situaciones y para orar por ellas con tino… A veces no sabemos orar porque las palabras no pueden expresar las necesidades que experimentamos. La respuesta del Espíritu… muestra cómo Dios por medio de [él] entra en nuestras experiencias.
Uno de los misterios más extraordinarios es el hecho de que Dios, Espíritu Santo, habita dentro de nosotros. ¡No estamos solos! Pidamos que el Espíritu Santo intervenga en nuestro tiempo de oración, que ilumine nuestro entendimiento, que nos oriente a pedir conforme a su voluntad, que sobrepase nuestra capacidad.
2. Jesús nos muestra como expresar nuestro deseo, honrando al mismo tiempo la soberanía de Dios.
En su camino a la cruz, en un momento de profundo sufrimiento, Jesús oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Tal como lo hizo nuestro Señor, podemos expresarle a Dios nuestro deseo (que es producto de las emociones que experimentamos), pero siempre con el claro entendimiento de que por sobre todas las cosas anhelamos que se haga su voluntad. Podemos orar así: «¡Padre, si es posible, que cese toda esta crisis mundial, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya!» Pedimos por sobre todo su voluntad, porque él puede ver más allá de lo que nosotros vemos, y él en todo tiene propósito, en todo está obrando y confiamos que lo que él decida siempre será lo mejor. Si el decide que todo este se prolongue por más tiempo del que a nosotros nos gustaría, es porque él tiene un propósito mayor.
3. Ora con una perspectiva eterna.
Oramos con precisión cuando nuestras peticiones tienen trascendencia a la luz de la eternidad. Estamos enfrentando un tiempo donde la gente tiene temor y los corazones están vulnerables. ¡Clamemos por salvación! ¡Oremos para que la gente pueda ser consciente de su necesidad de Cristo! Oremos también por la iglesia, para que este tiempo sea provechoso y seamos conformados más a la imagen de Cristo. Que podamos responder con fe, arrepentimiento, misericordia, amor y valentía.
Piensa en el carácter de Jesús. Él es compasivo, cuando caminó sobre la tierra tocó a leprosos y los sanó, extendió su mano y fue sensible a la necesidad de los que sufren. Si nosotros hoy oramos por salvación, sanidad y por esperanza para los que sufren, no hacemos otra cosa que seguir el ejemplo del Señor.