De reformado a reformado

by Javier Iván González

¿Eres reformado? Ya perdí la cuenta de cuantas veces me han hecho esta pregunta en los últimos años, tras el resurgir de la teología reformada (o calvinista como es mejor conocida por muchos) en América Latina. Recuerdo que cuando era pastor de jóvenes, un joven llegó a nuestra iglesia, proveniente de otra ciudad. Estoy exagerando, pero ¡casi nos pregunta primero si somos calvinistas que nuestro propio nombre!

Ahora bien, mi respuesta a esta pregunta sería extraña. En cierta manera no me gustan las etiquetas que no sean referentes a la persona de Jesús, es decir, prefiero que me identifiquen simplemente como cristiano, o seguidor de Jesús. Por el otro lado, sin temor puedo decir que tengo ya 8 años que he abrazado una postura reformada. La mayoría de los libros que leo, predicadores que escucho son calvinistas. Sin embargo, hago énfasis en algo que platicaba con una persona ayer en nuestro grupo en casa: Constantemente recuerdo que debo tener la humildad para aprender de gente que no cree completamente igual a mi, pero que han demostrado tener un carácter aprobado y una vida para la gloria de Dios. Así es, amigo reformado, podemos aprender de aquellos hermanos que no lo son.

Volviendo al punto, si la teología reformada ha bendecido tanto y causado un impacto favorable en tantas personas en todo el mundo, ¿Por qué es tan rechazada y no termina de ser muy controversial en muchos círculos cristianos? Bueno, primero que nada, ¡porque jamás estaremos todos de acuerdo hasta que tengamos a Jesucristo cara a cara para esclarecer todo tema teológico debatido! Muchos están tan arraigados a creencias y tradiciones que lo rechazarán sin argumentos. Pero mi punto aquí es el siguiente: Muchas veces la doctrina es rechazada no por la sustancia de esta, sino por el carácter del comunicador.

A continuación, de una manera sencilla e informal, de reformado a reformado, y con mucha humildad, me gustaría dar algunos ejemplos que debemos de evitar. (ojo, quizás estas leyendo esto y tú no seas reformado, ¡también puede aplicar para ti!)

El “pescador de arminianos”

De pronto surgió un movimiento de jóvenes calvinistas que estaban más interesados en “convertir arminianos” que predicar el evangelio con aquellos que no conocen a Cristo. No digo que no puedas tener conversaciones profundas y presentar argumentos con no-calvinistas, pero por favor, no los trates como si fueran incrédulos o “cristianos de segunda clase”.

El reformado cibernético

A este le encanta debatir en Facebook y publicar memes de falsos maestros. Generalmente lo caracteriza un tono sarcástico y burlón. Los reformados más maduros a menudo le exhortan a cambiar, pero disfruta tanto lo que hace que persiste en comentar de manera controversial en fotos y publicaciones de otras personas. El problema es que cuando se los encuentra en persona, los esquiva, no los saluda. Es muy sencillo ser un cobarde y “envalentonarse” detrás de un «Smartphone». Ser un reformado cibernético es como criticar a un ejército en el campo de batalla, desde la comodidad del sofá.

El reformado impasible

Debo aclarar que no podemos generalizar. Pero en más de una ocasión me ha tocado ver y escuchar de nuevos calvinistas que experimentan un brusco cambio emocional. Recuerdo que un joven se me acercó preocupado por su amigo que, como novedad, se adentraba en la teología reformada, y estas fueron sus palabras: “Me caía mejor cuando no era calvinista”. (¡Sí! Irónicamente, el crecimiento teológico fue motivo de preocupación y no de gozo) Usualmente esto se da cuando acompañado con la reforma de pensamiento, la persona se vuelve mas seria, impaciente, juzgona, inclusive varios lo describen como: “se volvió más amargado”.

 En otra ocasión, recuerdo que un joven visitaba nuestra iglesia. Yo sabía que el tenía poco que había abrazado la teología reformada. Ese domingo me tocaba estar a cargo de la alabanza. Bien o mal, el saber de la visita de este joven me llevó a pensar: “Todas las canciones que cantaremos son bíblicamente acertadas. Espero que la predicación sea teológicamente buena, para que este joven no salga disgustado de este lugar.” Para mi sorpresa, comenzó la adoración y el joven enmudeció, con sus manos agarro la silla frontal, cerraba los ojos con el ceño fruncido, se sentó en la silla en el momento de alabanzas rítmicas y alegres, estaba notablemente incómodo. ¿Tiene esto algo de malo? Claro que no, pero hace unos meses ¡este joven se gozaba y danzaba en la alabanza! Imagino que esta postura surge al no querer caer en emociones o sentimentalismo. Pero, ¿no debería llevarnos el conocimiento exhaustivo de la Palabra a una profunda, genuina y extravagante adoración? Estoy consiente que muchos han fingido posturas y actitudes en la adoración, pero muchos otros lo hacen con un corazón genuino y apasionado.

Si te hiciste calvinista, no pierdas la alegría, el buen humor, la amabilidad, la sencillez, estas son virtudes que no debes desechar.

El teólogo cerebral

Este término lo aprendí del Dr. Miguel Núñez precisamente como una advertencia para aquellos que estudiamos en el seminario. El teólogo cerebral o intelectual puede sacar excelentes notas en el seminario, pero piensa que el conocimiento es un signo de aprobación. Sin menospreciar el conocimiento, debemos hacer mayor énfasis en el carácter y en la madurez. Uno puede tener una excelente teología y a la vez, un carácter imprudente, inmoral o contencioso. Nuestra fe no es académica, es sobrenatural. A.W. Tozer dijo: “Usted puede ser teológicamente tan recto como un cañón de escopeta, pero estar espiritualmente tan vacío como él.” Entre la razón y el corazón hay un conducto que a veces sufre una obstrucción. Esa obstrucción se llama orgullo.

El policía dominical

Me imagino que para los policías trabajar en domingo es algo complicado y un enorme sacrificio, pero al policía reformado le fascina acudir a la iglesia y comenzar a “multar” al predicador y a la gente por todas las equivocaciones y los errores cometidos. ¿Debemos pasar por alto los errores doctrinales? ¡No! Pero el problema está en el corazón. Viene predispuesto, sin la intención de aprender o servir, de antemano a “cazar herejías”. Hace poco le pregunté a una persona el porque ya no oraba en la iglesia y me contestó lo siguiente: «Tengo miedo de decir algo con lo que no esté de acuerdo tal persona.» La iglesia es el lugar en donde se debe respirar amor y misericordia, no lo convirtamos en un lugar de tensión y sospecha.

Cierro con este valioso hilo que Jairo Namnun compartió en Twitter (@jnamnun). Escribe lo siguiente:

Todos somos propensos al ídolo del control, pero en mi experiencia, mi tribu (los “reformados”) somos los cristianos con una mayor tendencia a pecar –ciegamente– de esta manera.

Estemos atentos; nosotros no cambiamos a las personas, iglesias, comunidades. El ídolo del control nos lleva a no soltar el púlpito: “Es que X no está listo para predicar todavía”. Puede ser verdad, pero ¿cómo lo estará sin darle la oportunidad?

El ídolo del control nos lleva a dominar a los aconsejados: Los tiempos de consejería se convierten en “haz esto” y “no hagas esto”. Y si la persona no nos hace caso, nos alejamos, o lo declaramos en rebeldía. En vez de discipulado: control.

El ídolo del control nos lleva a controlar las oraciones: no permitimos que los que no son líderes oren en público, porque “oran mal”. O hasta corregimos sus oraciones, porque “el Padre no murió en la cruz”. Pero, ¿no está Dios atento a las oraciones de Su pueblo? Con o sin error.

El ídolo del control nos lleva a que todos en la iglesia se vistan igual, hablen igual, hagan las mismas cosas. Perdiendo la hermosura de la diversidad de culturas y trasfondos que hacen de la adoración celestial algo tan maravilloso (gente de toda tribu, lengua, nación…).

El ídolo del control no permite que nuestras iglesias crezcan. No damos oportunidad a nuevas generaciones: los aconsejados se sienten ahogados y son dependientes: los servicios son estáticas: las ovejas son asimiladas más que amadas.

 Todos somos susceptibles al control. ¿Cómo no doblarnos ante el ídolo del control? Si te digo qué hacer, yo también peco de la misma manera. Pero darnos cuenta de nuestra susceptibilidad es esencial. Dar espacios a las diferencias. Permitir que otros se equivoquen a nuestro alrededor. ¿Amar como Cristo?

A mi iglesia local, mis amigos, mi familia, si en estos ocho años me comporté como un policía dominical o un teólogo cerebral, les pido disculpas de todo corazón. Aquellos casos específicos que recuerdo, he pedido disculpas personalmente. Hermanos reformados, seamos pacificadores, promotores de amor y unidad, caracterizados por la humildad.

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3 comments

Dar Esp 16 diciembre, 2019 - 11:16 pm

Tremendo… Este año conocí todo lo referente al círculo reformado (me congrego en una iglesia pentecostal) y lo he abrazado gustosamente, pero a veces tiendo a caer en esos errores. Gracias a Dios que nos abre los ojos y nos aleja del orgullo!!

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Javier Iván González 17 diciembre, 2019 - 4:40 am

¡Wow! Me ha pasado igual!! Gracias por comentar, esta es la intención del artículo. Un fuerte abrazo!

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Javier Gzz 17 diciembre, 2019 - 9:10 pm

Gracias hijo por compartirnos siguiendo la verdad en amor. Cómo iglesia cristiana y cómo cristianos necesitamos la instrucción que moldee nuestro carácter al de Cristo. Continúa escribiendo para edificar la iglesia de Jesús que ganó con su propia sangre. Amén

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